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lunes, 6 de octubre de 2025

¿Sigue mereciendo la pena trabajar como traductor profesional?

Si conoces a algún traductor que trabajara en el sector de la traducción en los años noventa o incluso en la primera década de los dos mil, sabrás lo diferentes que eran las condiciones en aquellos tiempos: tarifas que duplicaban o más las actuales, volúmenes de trabajo de cientos de miles de palabras que garantizaban a veces el trabajo durante un mes, viajes durante semanas a otro país para probar software por cuenta de la empresa… una época de esplendor para el traductor muy distinta de la que ahora se vive en este sector. Pero, ¿qué ha cambiado? A continuación, vamos a ver varios factores que han motivado el deterioro del trabajo de muchos traductores.

Calidad de la traducción automática
Si antes las traducciones automáticas eran tan pésimas que resultaban divertidas, con la aparición de las redes neuronales su calidad mejoró y ahora su calidad suele ser comparable a la humana, en particular si el motor de traducción se ha alimentado con textos similares a los que debe traducir. Este aumento de la calidad ha sido un arma de doble filo para la traducción: ha facilitado y agilizado el trabajo, pero también ha provocado una bajada de las tarifas y una aceleración de los plazos de entrega. La traducción automática todavía comete errores, pero su tasa de errores tiende a ser tan baja que las tareas de posedición se están convirtiendo en tareas de revisión, al ser la calidad de partida comparable a la de un ser humano. Pero tal vez lo más preocupante sea su margen de mejora: si alguien ha comparado la calidad de una traducción generada por un motor de traducción, como DeepL, con la de una generada por un agente de IA, como Gemini, verá que los agentes lo hacen bastante mejor, por lo que es probable que dentro de poco los traductores reciban traducciones de calidad aún mejor y, en consecuencia, las tarifas que cobrarán serán aún más bajas.

Auge de las herramientas de traducción en la nube
La evolución de las herramientas ha sido otro arma de doble filo para los traductores. En el lado positivo, los precios de las herramientas han caído y, en la mayoría de los casos, es el cliente quien proporciona el acceso a la herramienta. En el lado negativo, al ser el cliente quien gestiona la plataforma tiene total libertad para elegirla, lo que tiene diversos impactos negativos para el traductor:

  • las herramientas se centran ahora más en la gestión que en la traducción: dado que el comprador se encarga de la gestión, se atienden sus prioridades, como la protección de la información confidencial, muchas veces restringiendo funciones que serían muy útiles al traductor, por ejemplo, limitando el acceso a las memorias de traducción o las operaciones que se realizan con los archivos. Tareas que antes eran muy habituales, como efectuar un recuento de las palabras que quedan por traducir o crear una memoria de traducción a partir de un grupo de archivos, ahora son imposibles en estas herramienta. Muchas de ellas llegan a parecer más bien herramientas de gestión que apenas incluyen una funcionalidad mínima para la traducción y, dado que el traductor no paga ni elige la herramienta en la que trabaja, sus quejas y sugerencias nunca se tienen en cuenta.
  • pérdida de posibilidades de desarrollo: al no incluir estas herramientas funciones avanzadas, la experiencia pierde relevancia. Incluso tras varios años trabajando con una herramienta en línea, el dominio de la herramienta no se diferenciará mucho de un principiante, ya que apenas hay funciones avanzadas que se puedan aprender. Tampoco sirve de nada aprender a manejar herramientas auxiliares para el QA, como Xbench o Verifika, ya que no pueden emplearse con las traducciones elaboradas con estas herramientas. Por tanto, el traductor será más prescindible y sustituible, al no llegar nunca a acumular conocimientos que le hagan destacar sobre los recién llegados al sector.

Consolidación de las grandes empresas de traducción
Con el auge de la localización, surgieron un elevado número de empresas internacionales que trabajaban directamente con los clientes finales y se encargaban de la traducción a todos los idiomas. El cliente únicamente tenía que tratar con un punto de contacto que distribuía el trabajo a empresas nacionales intermediarias que solo se encargaban de una o dos combinaciones de idiomas y contaban con traductores en plantilla o enviaban el trabajo a traductores autónomos. A medida que el acceso a internet fue mejorando, la utilidad de estas empresas intermediarias disminuyó, ya que las empresas internacionales empezaron a tratar directamente con el traductor autónomo, con el consiguiente ahorro económico que suponía eliminar un eslabón. También comenzaron a fusionarse las empresas internacionales, probablemente para aprovechar de las economías de escala que ofrecía una organización de mayor tamaño. Sin embargo, tanto para los traductores autónomos como para las empresas nacionales que quedan, esta fusión disminuyó su poder de negociación: cuando el trabajo de un traductor o una empresa nacional depende del volumen que le entrega una única empresa internacional, difícilmente podrá negociar tarifas o plazos si no tiene otro cliente igualmente importante y sabe lo difícil que es encontrar uno nuevo.

Además de esta fusión de las empresas directamente del sector de la traducción, también ha influido la concentración similar que se ha ocurrido en los clientes finales. Si tres empresas médicas se fusionan en una sola, estará mejor situada para solicitar una reducción de las tarifas, que acabará trasladándose al traductor final. Si antes un traductor trabajaba con cinco empresas y llevaba once cuentas, tras estas fusiones es posible que trabaje con solo dos empresas y se encargue solo de cinco cuentas, lo que limita su capacidad de negociación.

Disminución del interés en la calidad de la documentación escrita
Aunque ninguna empresa admitirá abiertamente que no le preocupa la calidad de un componente de sus productos, si se trata de algo que no tiene un impacto directo en sus ventas, es probable que elija la opción más económica a expensas de la calidad. Cualquier traductor con experiencia habrá tenido que lidiar con textos mal redactados, en parte porque la profesión de redactor técnico ha experimentado un declive similar al del traductor. Si una empresa no cuida los textos en su propio idioma, menos aún le interesa la calidad de la traducción de esos textos a otros idiomas, en particular si no corresponden a un mercado importante. Errores que son intolerables para un traductor, como una palabra mal escrita, un error de concordancia o un término incoherente, parecen irrelevantes para los usuarios finales y, dado que no afectan a la decisión de compra ni a la experiencia con el producto o servicio, son de poco interés para la empresa. Otras tendencias, como la reducción del uso del papel y la preferencia de los usuarios por otras maneras de solucionar sus dudas y documentarse, como mediante vídeos de otros usuarios o consultas en foros o a agentes de IA, han hecho que la documentación escrita y en línea que antes generaba grandes volúmenes de traducción, sea ahora menos relevante.

Perspectivas para el futuro
El mercado de la traducción se encuentra en una situación muy peculiar: continúa moviendo grandes cantidades de dinero pero, precisamente ese alto volumen de facturación hace que haya un fuerte impulso en abaratarlo. Mientras que otros aspectos del suministro de un producto o servicio no se prestan tanto a ello, las características de la traducción (contenido totalmente digital y disponibilidad de grandes de bases de datos de traducciones anteriores) hacen que haya muchas maneras de reducir su coste, lo que suele redundar en perjuicio del traductor, que debe enfrentarse a una mayor inestabilidad y a tarifas cada vez menos rentables.

La profesión de traductor ha cambiado mucho en las últimas décadas. Apenas quedan ya aquellos expertos en idiomas que adoraban pasarse el día leyendo prensa extrajera y consultando diccionarios. Ahora consiste más bien en corregir documentos interminables a marchas forzadas preguntándole las dudas a un agente de IA y, sobre todo, rellenando informes de calidad generados por herramientas tan poco depuradas que en el 99% de los casos hay que indicar que se trata de un falso positivo. Una tarea para la que apenas se necesita formación y, lo que es peor, en la que apenas se puede progresar. Alguien que comience a trabajar ahora como traductor, dentro de cinco años no habrá acumulado una experiencia que le permita aspirar a puestos y salarios mejores, sino que seguirá utilizando unas herramientas que no habrán mejorado y no le quedará más remedio que aceptar unas tarifas más bajas si quiere seguir recibiendo trabajo. Tal vez sea interesante como aproximación al mundo laboral, al igual que trabajar de niñera o cortar el césped de los vecinos, pero prolongarlo más allá de unos pocos años probablemente solo consiga que uno acabe preguntándose por qué no eligió un trabajo que le permitiera prosperar y desarrollarse.

Aunque son malas noticias tanto para los aspirantes a traductor como para los profesionales experimentados, lamentarse demasiado sería despreciar el avance que estos cambios han aportado a la humanidad, como si un médico lamentara haberse quedado sin trabajo porque una píldora milagrosa ha acabado con todas las enfermedades. Nunca antes los idiomas han supuesto menos una barrera para la comunicación como ahora. El subtitulado automático permite ver y entender vídeos en cualquier idioma y prácticamente cualquiera puede redactar o leer textos en cualquier idioma con un precio y un esfuerzo mínimos. Ya hay aplicaciones para móviles y auriculares que funcionan como intérpretes simultáneos. Los idiomas, el castigo bíblico enviado por dios para impedir la construcción de la torre de Babel, están dejando de ser un obstáculo para la comunicación y el entendimiento entre todos los habitantes de este planeta. Se acerca el momento de buscar nuevos retos.


domingo, 15 de enero de 2023

Cómo revisar traducciones con colores y anotaciones: (iii) coloreando palabras

Comenzamos con el archivo con las palabras coloreadas tal como vimos en las entregas anteriores: (i) exportando la traducción y (ii) coloreando segmentos.

Lo primero que debemos saber es que los colores aplicados por segmento se mantendrán también en este caso (negrita = nombre del archivo / tachado/gris = repetición / rojo = texto idéntico origen/destino). Además, cuando un segmento corresponda a una de estas categorías no se le aplicará ningún color adicional.

Sin embargo, en los segmentos que antes aparecían sencillamente en negro, veremos que muchas palabras aparecen coloreadas. Para entender qué significan estos colores, debemos saber que petraREV incluye un pequeño diccionario simplificado español-inglés con entradas como las siguientes:

file = traducción(archivo,archivar,archivado;expediente;fichero)
delete = traducción(eliminación,eliminar,eliminado;borrar,borrado)

Este diccionario no contiene muchas entradas, tan solo unas 3000, pero elegidas entre las palabras que con más frecuencia encontramos en las traducciones técnicas. Si nos fijamos, veremos que las posibles traducciones aparecen a veces separadas por comas y otras veces separadas por puntos y coma, lo que nos sirve para dividir las traducciones en varias «familias». Por ejemplo, para «file», tendríamos tres de estas familias:

archivo,archivar,archivado
expediente
fichero

Ambas familias son traducciones aceptables de «file», pero si queremos que la terminología sea rigurosamente coherente, tendremos que no mezclar términos de las diferentes familias. En este caso, «archivo» y «fichero» significan exactamente lo mismo, pero es posible que un cliente concreto prefiera emplear únicamente uno de estos términos.

Ahora que sabemos qué contiene este diccionario, es fácil interpretar los colores de los segmentos. Comencemos por el primero de ellos:

Para «Open file/Abrir archivo» ambas palabras aparecen en azul oscuro, lo que nos indica que las palabras de la traducción se ajustan al diccionario. Podemos estar tranquilos aunque, por supuesto, puede haber otros fallos, como errores de coherencia o una mala redacción.

En el segmento «The file has been deleted./El archivo se ha eliminado.» algunas palabras aparecen en azul y otras en negro, lo que indica que se han encontrado las palabras en azul en el diccionario, pero no las que están en negro. No es necesariamente un  problema, dado que no es interesante etiquetar palabras «vacías» y, además, el diccionario no incluye todas las palabras de una traducción.

El primer posible problema lo encontramos en el segmento «Confirm that you want to delete the file./Confirme que desea borrar el archivo.». Nuevamente, las palabras azules nos indican que todo va bien según el diccionario, pero ¿y el par fucsia delete/borrar? Según quizás hayamos deducido de la explicación sobre el diccionario, este color nos indica que para una palabra se ha empleado una traducción que aparece en el diccionario, pero en una familia diferente a la que utilizada antes. Es decir, en el tercer segmento «delete» se tradujo como «eliminar», pero aquí se ha utilizado «borrar», que corresponde a otra familia. No tiene que ser un error, pero suele ser conveniente echarle un vistazo.

Por último, en el segmento «The file is missing./No se ha encontrado.» la palabra «file» aparece en rojo lo que indica que «file» se tradujo anteriormente utilizando una de las traducciones indicadas en el diccionario, pero en este segmento no se ha utilizado esa traducción ni ninguna otra de las contempladas en el diccionario.

A fin de reducir al mínimo las advertencias, este color no se utiliza si en ningún punto del archivo se ha encontrado una traducción que la herramienta reconozca. Por ejemplo, si el cliente ha pedido que «file» se traduzca como «memorándum», esta palabra no se marcará en rojo en ningún caso, tan solo se dejará en negro.

Para resumir, cuando activamos Colorear equivalentes, los colores significan lo siguiente:

negro: palabra no incluida en el diccionario

azul: palabra traducida coherentemente según el diccionario

fucsia: palabra traducida según el diccionario, pero NO coherentemente

rojo: palabra anteriormente traducida según el diccionario con una traducción que aquí no se ha empleado (ni ninguna de las otras que reconoce)

Los posibles usos del color para facilitar la revisión de traducciones no acaban aquí, evidentemente. Por ejemplo, podemos utilizar un glosario para marcar una traducción con diferentes colores que nos ayuden a localizar y comprobar rápidamente los términos. También podemos utilizar iconos de «coloreado rápido» para marcar los términos que nos interesen. Aún así, esperamos que esta breve introducción haya servido para que revisar una traducción sea algo más fácil y rápido.

sábado, 14 de enero de 2023

Cómo revisar traducciones con colores y anotaciones: (ii) coloreando segmentos

Vamos a continuar esta serie sobre revisión de traducciones justo donde la dejamos, con una imagen del formato que obtenemos tras exportar la traducción siguiendo el proceso explicado en la entrada anterior.


Empecemos por la primera línea, que aparece en negrita y con tres asteriscos en la columna del texto de origen (en este caso el inglés) y la ruta de un archivo en la columna del texto de destino (en este caso el español). Esta línea indica en qué archivo se encuentra el texto que aparece a continuación. En la imagen, vemos que la tabla contiene las traducciones de dos archivos (ejemplo1.txt y ejemplo2.txt).

También veremos que hay varios segmentos en gris claro y tachados (el primero es «Open file/Abrir archivo»), lo que indica que se trata de repeticiones. Podemos ver que los dos primeros segmentos del primer archivo son idénticos a los dos primeros del segundo archivo, por lo que podemos ahorrarnos revisarlos (siempre que nos aseguremos de implementar todos los cambios que hagamos en cada segmento).

Es importante recordar que solo se considera una repetición si coinciden tanto el texto de origen como el texto de destino y, además, con idéntico uso de mayúsculas y minúsculas. Cualquier diferencia en alguno de estos aspectos hará que el segmento no se marque como repetición.

Hay varias maneras de gestionar las repeticiones de una traducción. Verlas tachadas y en gris es una manera cómoda de omitirlas, pero sin perder del todo de vista un contexto que puede interesarnos. No obstante, en otro caso, por ejemplo si hay muchas repeticiones y no nos son de ayuda, tal vez nos interese eliminarlas completamente (utilizando las opciones del cuadro Buscar y reemplazar) antes de exportar el archivo para la revisión.

Por último, veremos que el segmento «Script/Script» aparece en rojo, lo que indica que en este caso texto de origen y de destino son idénticos. De esta manera, disponemos de una confirmación visual cuando un segmento no hay que traducirlo (por ejemplo, porque se trate de una línea de código o la ruta de una imagen).

Para resumir, los colores nos indican lo siguiente:
 
Tres asteriscos y negrita: nombre del archivo
Gris y tachado: repetición
Rojo: texto de destino idéntico a texto de origen

Estos colores son los únicos que aparecerán cuando exportemos el archivo con la opción Colorear equivalentes desactivada. Si la hubiéramos activado, habríamos obtenido algo parecido a lo siguiente:
 

Como vemos, ahora no son solo los segmentos los que aparecen coloreados, sino también palabras individuales y, como veremos en la siguiente entrega, entender estos colores puede facilitarnos bastante la vida.

 


viernes, 13 de enero de 2023

Cómo revisar traducciones con colores y anotaciones: (i) exportando la traducción

Hace unos cuantos años era relativamente frecuente imprimir una traducción para revisarla. Entre otras ventajas, cambiar de la herramienta de traducción asistida al papel ayudaba a tomar perspectiva y además era práctico marcar algunos términos con colores y anotar en los márgenes las dudas que iban surgiendo. Actualmente, al haberse acelerado el ritmo de trabajo y ser necesario reducir el uso de papel tanto como sea posible, esta práctica ha acabado por abandonarse y limitarse a las raras ocasiones en las que no se dispone de una pantalla en la que trabajar.

petraREV, una herramienta para revisar traducciones que puedes descargar totalmente gratis aquí, ofrece una manera de aprovechar muchas de las ventajas de esta revisión en papel, pero sin necesidad de imprimir ni una sola hoja, ya que permite exportar las traducciones en un formato especialmente diseñado para revisar una traducción que, además, va más allá y ofrece varias innovaciones. En la serie que comienza con esta entrada, veremos en detalle cómo hacerlo.

Para empezar, vamos a generar el documento de Word (o Writer) con la traducción en un formato de tabla. Para ello, primero hay que cargar cualquier traducción y elegir ArchivoExportar. Aparecerá el siguiente cuadro de diálogo, que debemos configurar como se indica a continuación.

Es importante elegir el formato Revisión en papel (.doc). Además, aunque por defecto aparecerá una ruta a la que se exportará el archivo, es conveniente indicar una que podamos localizar con facilidad. También veremos que hay una última opción (Colorear equivalentes) cuya utilidad veremos en la tercera entrega de esta serie. Por el momento, vamos a desactivarla.

Ahora solo queda hacer clic en Exportar y, si abrimos el archivo resultante en nuestro procesador de textos favoritos, deberíamos ver algo similar a esto:


En principio, es sencillamente una representación en una tabla de la traducción, pero si nos fijamos en detalle, descubriremos que se han añadido unos colores muy útiles, tal como veremos en la siguiente entrega.

martes, 21 de junio de 2022

Trucos para traducir proyectos pequeños, pero grandes

Imagina que recibes un proyecto con una cantidad enorme de palabras al 100%, bastantes high y low fuzzies y con un número relativamente pequeño de palabras nuevas que se han pretraducido mediante traducción automática. Te suena, ¿verdad? Actualmente son muy frecuentes estos proyectos en los que el esfuerzo de traducción no es muy grande, pero el número de palabras sí lo es. Por ejemplo, si tenemos un proyecto con 4000 palabras high fuzzy, 2000 palabras low fuzzy y 1000 palabras nuevas, aunque el promedio no sea muy alto (3000 palabras), el número total de palabras (7000 palabras) puede resultar intimidante.

Si estos proyectos no se abordan correctamente desde el principio, la traducción puede complicarse y alargarse, en particular cuando se trata de un proyecto nuevo y, al no conocer los criterios del cliente, tenemos que retroceder varias veces para aplicar criterios que al principio desconocíamos. Para agilizar la traducción y garantizar la máxima calidad, podemos seguir un simple proceso de tres fases:

1. Primera fase: high fuzzies
Vamos a comenzar por la parte teóricamente más sencilla del proyecto. Para ello, desactivamos la memoria de traducción automática y pretraducimos los archivos bajando al umbral de coincidencia al 95%. Al hacerlo, aparecerán pretraducidas todos los high fuzzies, que podremos consultar utilizando, por ejemplo, el filtro de coincidencias parciales. Esta parte de la traducción debería ser muy sencilla ya que en la mayoría de los segmentos solo habrá que recolocar las etiquetas, modificar las mayúsculas o, como mucho, cambiar una palabra. Esta es una manera excelente de tomar contacto con el proyecto, ver la terminología habitual y también evaluar lo antes posible la calidad de la memoria de traducción.

2. Segunda fase: low fuzzies
Llegados a este punto ya debemos tener una idea más clara de las características del proyecto así que, manteniendo desactivada la memoria de traducción automática, volvemos a pretraducir los archivos, pero esta vez bajando el umbral de coincidencia al 75%. Los segmentos que traduzcamos nos requerirán más esfuerzo que los de la fase anterior, así que es una oportunidad para comprobar si realmente hemos comprendido las particularidades del proyecto.

3. Tercera fase: MT
Ya solo quedan las palabras nuevas. Para traducirlas tenemos que activar la memoria de traducción automática. Dependiendo de la herramienta y los gustos personales, puede que sea más cómodo activar la memoria, pretraducir los archivos y luego desactivarla. Dado que al traducir los high y low fuzzies hemos ido aprendiendo la terminología, nos será más fácil ser coherentes y no dejarnos confundir por la terminología que nos proponga la traducción automática.

Bonus: cómo preparar la referencia
Aunque el proceso anterior está pensado para que la traducción gane en coherencia, a veces no será suficiente. Una manera muy fácil de ordenar la referencia es crear la siguiente estructura de carpetas y efectuar búsquedas con una herramienta que respete esta jerarquía (como Search & Replace), de manera que los resultados de mayor prioridad aparezcan en primer lugar.

1-Material suministrado por el cliente
En esta carpeta incluimos toda la referencia que nos haya enviado el cliente: glosarios, listas de términos no traducibles y guías de estilo, por ejemplo.

2-Pretraducción
En esta carpeta colocaremos una extracción de los segmentos 100% del proyecto. Si bien este texto no es tan relevante la referencia indicada explícitamente por el cliente, nuestra traducción tendrá que encajar en él, así que es muy útil.

3-Memoria de traducción
Aquí colocamos finalmente una exportación de la memoria de traducción. Este es el nivel más bajo de la referencia, pero dado que es un material que nos ha enviado el cliente, también puede ser muy útil.

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La ritualización como respuesta a la avalancha de contenido infinito.  Nunca se había invertido tanto dinero en producir contenido y...